20 Años del Grupo Misionero

26-10-2013

El Grupo Misionero fue un fruto del Amor de Dios, y del amor puesto por cada misionero a lo largo de estos 20 años. Amor y ardor de la fe, entrega y donación a otros. Un movimiento que lleva a salir a encontrar a otros hermanos y compartir la fe en Jesús que nos cambió la vida.

Un misionero pleno es aquel que aporta lo que de su parte tiene para que otros puedan vivir su experiencia de fe. Sea en la acción, sea en la oración.
Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía
debajo de aquella ley
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
de esta manera decía:
Ya ves, Hijo, que a tu esposa
a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había
En los amores perfectos
esta ley se requería:
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza
más deleite contenía;
el cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.
¬Mi voluntad es la tuya
el Hijo le respondía¬,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,
 lo que tu Alteza decía,
porque por esta manera
tu bondad más se vería;
veráse tu gran potencia,
justicia y sabiduría;
 irélo a decir al mundo
y noticia le daría
de tu belleza v dulzura
y de tu soberanía.
Iré a buscar a mi esposa,
 y sobre mí tomaría
sus fatigas y trabajos,
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría,
y sacándola del lago
a ti te la volvería
 
Allá hace 20 años, al igual que la escena que nos narra San Juan de la Cruz un una de sus poesías, Dios miró con amor un lugar llamado Taco Pozo, en Chaco. Posó su paternal mirada sobre algunos de sus hijos y deseó con su corazón que llegue a ellos su cariño divino. Así nació este grupo misionero que este año cumple 20 años de servicio a la Iglesia. Fue la iniciativa divina aquella que generosamente encendió el corazón de algún intrépido misionero y sembró la semilla que dio lugar al Grupo Misionero Nuestra Señora del Pilar.
Y, ¿Qué es este grupo? Somos jóvenes (y no tanto) que dedicamos un tiempo en el año para viajar hacia alguna comunidad eclesial del país y compartir con ellos la fe en Jesús que nos une. Este es nuestro motor: una experiencia de fe, es haber conocido quien es Jesús y dejarlo que nos cambie la vida, lo que nos mueve a compartirlo con otros, para seguir manteniendo viva esa llama de la fe de nuestros hermanos y también nuestra.
¿Cómo surgió? Circunstancias concretas pueden haber habido muchas. Pero, lo que es seguro, es que el Espíritu Santo anduvo en este proyecto. Sin duda, todo el tiempo que pasó nos muestra que Dios plantó una semilla hace 20 años y que hoy sigue creciendo, como lo que es el grupo hoy. Y nos anima siempre el mismo Espíritu y espíritu. Primero, el Espíritu Santo que movió al Hijo a venir al mundo por amor a nosotros, los hombres; para buscarnos. Segundo, el espíritu de compartir la fe y poner nuestra gotita de amor para que Dios pueda llegar a otras personas. Aquí me gustaría citar a Santa Teresita del Niño Jesús, co-patrona de las misiones y constante compañera de este grupo misionero: “La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto de diferentes miembros no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor.
Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…
Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares… En una palabra, ¡que el amor es eterno…!
Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío…, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…!” (Historia de un alma)
Recordando los lugares por donde misionó este grupo (Taco Pozo, Sauce de Luna, Trenque Lauquen, General Alvear, Rufino y Cacharí) y pensando en sus 20 años, no puedo evitar rezar:
Ante todo para pedirle a Dios que cuide las comunidades visitadas, que cuide de la fe y el bienestar de su gente. También, para que cuide de los misioneros que pasaron por el grupo; ellos ahora siguen misionando en otros parajes: en su casa, en su trabajo, en su congregación o en sus comunidades parroquiales ya que hubieron multitud de vocaciones de todo tipo. Parece que Dios fue muy generoso con los que lo ayudaron, en este servicio cada uno pudo ir descubriendo su vocación.
Agradecerles por la gente de los lugares de misión a las que les cambió la vida, por los frutos que nos permitió ver y por los “mimos” con que día a día nos muestra cuanto nos quiere desde siempre.
A toda la comunidad parroquial le pedimos que rece por nosotros, para que Dios siga manteniendo prendida la llama del amor que nos lleva a anunciar a su Hijo Jesús. Contamos con sus oraciones y nos ponemos en las manos tiernas de la Virgen del Pilar, que es nuestro ejemplo de misionera.
¡Ave María, ruega por nosotros!
 
 
 

Horarios de misa

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8:30, 11:00 y 19:00 hs
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Confesiones

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